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Jesuitas atienden a los migrantes que esperan en peligrosas ciudades fronterizas mexicanas

El padre jesuita Brian Strassburger habla durante la Misa celebrada el 12 de noviembre de 2023 en un refugio para migrantes en Matamoros, México. Instó a los migrantes reunidos a "esperar bien" mientras aguardan su momento en condiciones difíciles con la esperanza de entrar legalmente en los Estados Unidos. (Foto OSV News/David Agren)
El padre jesuita Brian Strassburger habla durante la Misa celebrada el 12 de noviembre de 2023 en un refugio para migrantes en Matamoros, México. Instó a los migrantes reunidos a "esperar bien" mientras aguardan su momento en condiciones difíciles con la esperanza de entrar legalmente en los Estados Unidos. (Foto OSV News/David Agren)

MATAMOROS, México (OSV News) — Celebrando una Misa al aire libre en un campamento de migrantes en medio de una lluvia fría e implacable, el padre jesuita Brian Strassburger predicó sobre la paciencia. Habló de “La Parábola de las Diez Vírgenes” del Evangelio de Mateo, instando a los migrantes reunidos a “esperar bien” mientras esperaban su momento en condiciones difíciles.

“Las cosas no siempre van al plazo que queremos o esperamos y a veces tenemos que esperar y tenemos que esperar bien”, dijo el padre Strassburger.

Para esperar bien, dijo, “pedimos la sabiduría de Dios para que nos consuele y nos ayude a ser más pacientes y a confiar en Dios”.

Les instó a involucrarse en tareas como el mantenimiento del campamento, la formación de amistades y el aprovechamiento de las clases de catecismo impartidas por sacerdotes locales — recordando cómo los migrantes han podido bautizar y confirmar a sus hijos mientras esperaban en los albergues.

“El tiempo de Dios es perfecto”, dijo. “No podemos pensar que nuestro tiempo aquí es tiempo perdido”.

Más de 2.000 migrantes esperan en Matamoros, frente a Brownsville, Texas, mientras intentan conseguir citas a través de una aplicación telefónica para entrar en Estados Unidos conocida como CBP One.

El proceso puede ser frustrante, ya que algunas de las citas se asignan al azar, mientras que otras se dan a personas que llevan mucho tiempo en el sistema, según el padre Strassburger.

Las largas esperas provocaron anteriormente que muchos migrantes cruzaran irregularmente a Estados Unidos. Pero el Servicio de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos registró 240.988 encuentros con migrantes en la frontera suroeste de Estados Unidos en octubre, aproximadamente un 10% menos que el mes anterior.

Los observadores atribuyeron este descenso a que venezolanos prefirieron esperar a ver qué pasaba en lugar cruzar la frontera sin cita previa con el CBP One, después de que el gobierno estadounidense anunciara la decisión de iniciar las deportaciones a Venezuela, país con el que Estados Unidos ha mantenido relaciones poco amistosas.

Pero la espera puede resultar agotadora, especialmente con la inseguridad reinante en Matamoros y los migrantes en el punto de mira de los secuestradores.

“Las personas no acuden a sus citas (CBP One) porque están siendo secuestrada”, dijo a OSV News la hermana Norma Pimentel, directora de Caridades Católicas del Valle del Río Grande en Brownsville.

“Empecé a ver gente abandonando sus citas y cruzando el río porque tenían miedo” de permanecer en México, dijo la hermana Misionera de Jesús. Agregó que los funcionarios estadounidenses aún otorgan citas a quienes se ausentaron debido al secuestro.

Los migrantes que asistieron a la Misa en Matamoros hablaron de vivir con miedo si salían del albergue para migrantes.

“Muy poca gente se va de aquí por la inseguridad”, dijo Yessica Briseño, una migrante venezolana que ha pasado tres meses en Matamoros con su esposo y sus tres hijos de entre 10 y 12 años.

Briseño ha intentado infructuosamente obtener una cita con CBP One durante tres meses, algo que, según dijo, le está haciendo plantearse cruzar el río, sobre todo porque uno de sus hijos ha sufrido dificultades emocionales en el campamento y está siendo atendido por un psicólogo voluntario.

“Existe una verdadera tentación”, dijo sobre el cruce irregular.

Otros migrantes en el albergue describieron a México como el país más difícil de transitar en la ruta hacia el norte a través de América Central — incluyendo el traicionero Tapón del Darién, la espesa selva que separa Colombia y Panamá, controlada por el crimen organizado y plagada de bandidos.

“Los oficiales de migración se llevan todo”, exigiendo el pago para evitar ser detenidos, agregó Eusebio Quiñones, de 38 años, un migrante de Ecuador, que quería cruzar a Estados Unidos “legalmente” con la aplicación CBP One.

La Pastoral de Migrantes de la Conferencia del Episcopado Mexicano emitió un comunicado el 15 de noviembre, en el que describió la estrategia de las autoridades migratorias mexicanas como “contención, detención, deportación y militarización”, al tiempo que advirtió: “No vemos una estrategia clara de coordinación entre los tres niveles de gobierno en respuesta a las condiciones inhumanas que viven los migrantes y refugiados en México”.

También expresó su alarma por el gran número de migrantes atrapados en ciudades de todo México y advirtió de que México “se está convirtiendo en una gran Estación Migratoria para las personas migrantes y refugiadas, en donde no se les permite tener una estancia regular (legal), pero tampoco se les permite transitar hacia su destino”.

La Misa en el albergue para migrantes — ubicado en un hospital abandonado rodeado de tiendas de campaña — termina con el equipo de jesuitas proporcionando información sobre migración de la mejor manera que entienden.

El padre Strassburger aconseja seguir con la aplicación CBP One, que según él ha mejorado después de haber sido “probada en versión beta con migrantes” tras su introducción en enero.

“Los albergues aquí estaban llenos de personas muy desesperadas y ahora están en Estados Unidos”, dijo a los migrantes. “Con paciencia y fe todos van a recibir su cita”.

El padre Strassburger ha trabajado con migrantes varados en México desde su ordenación en 2021 y asignación para trabajar en la Diócesis de Brownsville.

Trabajando con el padre jesuita Flavio Bravo y el escolástico jesuita Joseph Nolla, el padre Strassburger celebra Misas para los migrantes cuatro días a la semana en Matamoros y Reynosa, a 50 millas (80 kilómetros) al oeste, junto con celebraciones en el Centro de Respiro Humanitario en McAllen, Texas, donde los migrantes recién llegados reciben ayuda para llegar a sus destinos finales en los Estados Unidos.

A menudo les atiende en condiciones difíciles, como en un campamento a orillas del Río Grande, donde los migrantes que no quieren perder de vista la frontera estadounidense esperan a ser citados por el CBP One o se quedan hasta que pagan a los contrabandistas para cruzar el río.

En medio de las dificultades, él ve inspiración en la perseverancia de los migrantes.

“Me parece que los migrantes son el mejor ejemplo de cómo utilizan su fe como fuente de esperanza en medio de una situación que de otro modo puede ser tan desesperante”, dijo el padre Strassburger. “A menudo me inspiran”.

David Agren escribe para OSV News desde Ciudad de México. Viajó a Matamoros para informar sobre la situación fronteriza entre Estados Unidos y México.

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