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Feligreses afectados por dos tragedias dicen que su fe les llevó a superar las crisis

El Padre Vijaya Mareedu, entonces párroco de St. Francis Xavier Church en Eastland, Texas, inspecciona los restos quemados de la residencia Guillén. Los Guillens estaban entre siete familias en de la parroquia que perdieron sus casas, vehículos y pertenencias en los incendios forestales que arrasaron el condado de Eastland el año pasado. (Foto OSV News /Juan Guajardo, North Texas Catholic)

By Susan Moses

(OSV News) — Un año después de que diferentes tragedias sacudieran sus vidas, feligreses de dos parroquias del norte de Texas comparten testimonios de esperanza, perseverancia y fe.

DIOS OBRA EN SITUACIONES TERRIBLES

La parroquia greco-católica ucraniana de St. Sophia en The Colony, en Texas, está a miles de millas del frente de batalla en Ucrania, pero los corazones de sus fieles están cerca del país devastado por la guerra.

El padre Pavlo Popov atiende con dedicación a su parroquia, a la que pertenecen refugiados recién llegados de Ucrania. Algunos de ellos viven con familiares; otros no tienen vínculos con esta área. Entre los feligreses también se encuentran inmigrantes que llegaron a Texas hace décadas que están preocupados por familiares que están todavía en Ucrania. También hay texanos que están muy orgullosos de su ascendencia ucraniana. En esta comunidad parroquial pertenecen además otros muchos fieles, cuyo único vínculo es la afinidad por el país de Ucrania o el Rito Católico Oriental.

Desde que Rusia invadió Ucrania el 24 de febrero de 2022, más personas acuden a Misa y llenan la iglesia. “La gente está de vuelta en la iglesia porque siente la necesidad de orar. Sienten tanto dolor; y se sienten tan heridos que vienen a la iglesia en busca de sanación”, indicó el padre Popov al North Texas Catholic, la revista de la Diócesis de Fort Worth, Texas.
La incertidumbre de cuánto durará la guerra y la preocupación por sus seres queridos y familia angustian a muchos feligreses.

Habiendo vivido una gran hambruna, sufrido genocidio, pasado por dos guerras mundiales y el comunismo, el pueblo ucraniano no es ajeno a las dificultades. El sacerdote agregó: “Estamos pasando por momentos difíciles, pero no es el primero…Como pueblo estamos familiarizados con la persecución, el sufrimiento y los desafíos”.

Liz Moroz Harper, presidenta de la Sociedad Estadounidense Ucraniana de Texas, está de acuerdo de que los ucranianos son tenaces y resistentes. “Somos un pueblo orgulloso que ama la libertad. No nos rendiremos. Espero que la guerra termine pronto, pero Ucrania no se someterá”, dijo Harper, cuyos abuelos emigraron a Estados Unidos desde Ucrania.

Muchos buscan constantemente oportunidades para ayudar. Por ejemplo, la Sociedad Estadounidense Ucraniana de Texas proporcionó regalos de Navidad a 15 familias de refugiados que pertenecen a la parroquia. Algunos feligreses patrocinan a refugiados y los ayudan a adaptarse a su nueva comunidad para facilitarles el acceso al transporte, superar las barreras del idioma y atender otras necesidades básicas.

El padre Popov quedó impresionado con la generosidad de la comunidad, incluso de aquéllos que no tienen una conexión personal con Ucrania. La parroquia ha recaudado fondos para ayuda humanitaria y fieles de la Parroquia de Holy Cross en The Colony han donado alimentos y artículos para el hogar a los refugiados en su comunidad.

Dios obra en situaciones terribles, apuntó el Padre Popov, y su amoroso cuidado es visible mediante el apoyo de la comunidad internacional, en las historias de supervivencia en el campo de batalla y por las señales de que Rusia se está debilitando.

“Concéntrense en Cristo, concéntrense en Dios y simplemente recuerden que los desafíos y sufrimientos de la vida nos moldean para mejorarnos y fortalecernos”, añadió. “Mantengan su mirada en la eternidad”.

Los cristianos deben buscar esperanza en la cruz, donde podemos ver el dolor de la crucifixión de Jesús seguido del gozo de su resurrección. “No hay victoria sin haber lucha”, Padre Popov aseveró con firmeza. “La voluntad de Dios prevalece. Y esperamos que, al pasar por todo esto, Dios tenga Su propio plan. Lo sabremos a su debido tiempo. Algo bueno ocurrirá como resultado de esta situación trágica y triste. De esto, no tengo duda”.

DE LAS CENIZAS

Los incendios forestales arrasaron pastos secos y la densa maleza del condado de Eastland el 17 de marzo de 2022, destruyendo más de 54,000 acres, incluida la mayor parte de la ciudad de Carbon. Ochenta y seis casas quedaron arrasadas, incluidas las de siete familias pertenecientes a la Parroquia de St. Francis Xavier en Eastland.

Vientos de más de 35 mph expandieron el fuego tan rápido que las personas tuvieron que salir corriendo, dejando atrás medicamentos, documentos, animales y tesoros familiares.
Los jóvenes Ernesto y Jesús Perales sufrieron serias quemaduras mientras escapaban de los incendios.

A la mañana siguiente, el padre Vijaya Mareedu, SAC, entonces párroco de St. Francis Xavier, acompañó a los sobrevivientes a ver los daños a sus hogares. Días después, el obispo de Fort Worth Michael Olson celebró una Misa en St. Francis Xavier y oró con las siete familias y los hermanos Perales.

A pesar de que sus casas y posesiones quedaron reducidas a cenizas, las familias estaban resueltas a que comenzarían de nuevo y reconstruirían sus hogares en Carbon.

La parroquia proporcionó almuerzo para las familias damnificadas después de cada Misa dominical durante las semanas que siguieron a los incendios. El padre Mareedu explicó: “No es sólo la comida, sino también reunirnos juntos como comunidad. Hay mucho dolor y tristeza, que puede que ellos no compartan, pero que se ha acumulado dentro de ellos”.

Evelyn Guillén, que estaba trabajando en Ranger College cuando el fuego destruyó la casa que compartía con sus padres y hermanos, afirmó que los almuerzos dominicales eran más que una comida. Al reunirse cada semana recordaba las palabras: “Dios dice: ‘No, no estás solo. Me tienes a mí y también tienes a todas estas personas'”.

Guillén expresó que también experimentó el amor y el apoyo de la comunidad en general. Se recibieron muchas donaciones para llenar necesidades básicas y prestar asistencia económica a las familias afectadas que sumaron unos $230,984, provistos por la diócesis y varios donantes. Los fondos se distribuyeron entre las siete familias que perdieron sus hogares y otro feligrés que perdió parte de su rancho.

Antes del desastre, las familias se conocían, pero ahora “el vínculo entre todos es mucho más fuerte”, aseveró Guillén. Las familias aún se reúnen cada domingo para ayudarse mutuamente a reconstruir sus casas.

Guillén agradece profundamente a Dios que su familia está bien y segura; y tiene un mayor aprecio por todo hoy día porque siente que todo lo que tiene es un regalo de Dios.

El padre Mareedu ha pasado mucho tiempo con las familias durante este último año y bendijo recientemente a cada familia en sus nuevos hogares. “Veo la mano de Dios muy presente en la comunidad, pues esta difícil situación los unió más a todos”, expresó. “Este dolor les ha ayudado a construir juntos una mayor fuerza como comunidad. Dios nos está mostrando una manera de permanecer juntos, trabajar juntos y estar comprometidos los unos con los otros por amor”.

Susan Moses es editora del North Texas Catholic, la revista de la Diócesis de Fort Worth, Texas.

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